miércoles, 25 de noviembre de 2009

Interludio Tragico II

Ahora que ya ha anochecido se notan las luces más allá del horizonte. El cielo azul oscuro marcando los contrastes entre los montes negros negros y el valle regado de luces. Ahora que ya hemos aprendido a volar debemos aprender a cantar. El aire carga electricidad estática, una oleada de pensamientos oscuros que descienden y ascienden entre los chillidos desesperados del tiempo futuro. Presente tan lleno de miedos, Tenemos el aire atado al absurdo con un cuerda que se balancea en un ir y venir estático plagado de contratiempos, el aire de la mañana fugado con los ruidos de la mediatarde. Las nubes se desplazan dejando su estela imposible en la inmensidad apoteósica deseos absurdos, como si no hubiera mas tiempo general de inconsistencias, si ahora que nunca más ha de volver el tiempo; La autopista serpentea riesgosa por entre los riscos que caen a barrancas donde pulula los encinos y arroyos famélicos discurren tranquilos entre sus fondos polvosos de hastió, los autos que pasan veloces como saetas rompiendo el viento a su lado contrario, y del lado que vuelan libres, más libres que los pájaros, los automóviles y sus chillidos metálicos, algunos oxidados que resuenan con eco entre las paredes trágicas de los barrancos. Un auto plateado que sigue la línea blanca que fluye entre las paredes desmoronándose por erosiones implícitas, el auto va, constante y desaparece a veces entre los pasos por donde la montaña fue mutilada, abriendo la brecha para el progreso invasivo, el auto ruge, impasible, devorando kilómetros, apresurándose mientras la luz se fuga y la vegetación se convierte en inquietantes sombras en medio de la noche, las sombras se antojan largas cuando los faros del automóvil se pronuncian sobre ellas, la vegetación que se va volviendo rala, inexistente, de los encinos a los cazahuates, a los pájaros bobos, y después los pastos altos, una fila de encinos a cada lado. La autopista se ladea bastante, la curva final aderezada con las luces presentes en los edificios de concreto y ladrillo, las bugambilias marchitas en los maceteros, los semáforos pasando veloces, de rojo a verde y amarillo y rojo. La calle tan larga se revela eterna, un universo de cláxones que penetran las ventanas y rompen los tímpanos de los oídos, el auto plateado ladeado hacia un lado, y parecen pronto llegar las luces lejanas, luces en el valle, en las lomas, las luces que parecen deliberadamente colocadas, decorando las cimas de los cerros no tan lejanos. Al auto plateado atorado en el trafico, las nube pasan veloces, el cielo invernal, hace frío por fuera, el auto plateado que avanza volando, un auto pasando del lado contrario, mas autos mil autos, las nubes nerviosas que observan obtusas.
Silencio
El ultimo chillido de una llanta, dejando su huella sobre el pavimento
Silencio,
El tiempo es solo un eterno tic, tac, un ir y venir de casualidades estudiadas.
Silencio
Una nube, otras nubes, los autos mil autos.
El auto plateado que se va volteando.
Un instante después, el auto que luce aplastado por mil partes, un ejército de ambulancias que llegan volando. El mar de cláxones que se vuelve intenso. Mas intenso aun si es posible y las ambulancias se van con los muertos, que quedan anónimos para el mundo entero, para el resto el mundo. Una grúa que se lleva al auto. Levantándolo hacia el cielo y lo arrastra, los autos avanzan lentos y tranquilos.
Silencio.
Mañana la luz de la mañana que se desvanece, es un día nublado, y hace el frio invernal que cala hasta los huesos e irrita los ojos. Solo una mancha sobre el pavimento. Una cruz anónima al lado del asfalto.

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