miércoles, 30 de diciembre de 2009

Les Hommes de la Terre IV

Los encontraron tiesos y ya su carne se la habían comido los gusanos, estaban deformes irreconocibles, con sus ropas hechas jirones, pero en la expresión de sus cráneos ( a pesar de sus facciones perdidas) se leía un gesto de completa serenidad.
Están todos tiesos y…-
-Ay mi capi- dijo el mocho con una sonrisa dibujada en su cara morena –yo con esas si no me meto-
-cállate pinche mocho o te parto la madre-
-nomas no se me agrande mi capi- dijo el mocho guiñándole un ojo –ya sabe que aquí trabajamos juntos, ya sabe usté cooperación mutua y solidaridá-
.vele bajando pinche mocho- el capitán galeana esbozo una sonrisa –tenemos chamba y tengo que darle de comer a los muchitos-
El capitán galeana anota y habla por el radio, el mocho juega con los cadáveres, revuelve con una varita de madera los huesos astillados de los muertos.
-nombre estos nomas se vinieron aquí a morirse-
-no mi capi- el mocho se mostraba visiblemente emocionado –a este si le dieron un santo fregadazo.
El fémur estaba partido en dos, unido solo por una astilla de hueso, un poco mugroso se llegaba a ver de un tano claro de café del color de la tierra.
Apestaban.
Los cuerpos exhalaban un aroma podrido pero ligeramente suave, como a frutas silvestres fermentándose.
El arrollo corría lejos.
El radio vibro y sonó la alarma. El capitán galeana se limpia el sudor de la frente, una frente amplia con surcos por fruncirla tanto
-¿Qué pasa mi capi?
El Capitán se pasea de un lado a otro con su radio en la mano, no es capitán es oficial o teniente o un loco vestido de policía reportando cadáveres.
-Mejor aquí los dejamos no sea la de malas y se nos vayan a pudrir en la cajuela y vas a ver en que nos vamos a meter pinché mocho, no se vaya armar un pancho si encuentran a los ¿Cómo les dicen?, a simón los deudos- el capitán galeana mira al mocho por encima del hombro , el mocho sigue jugando con los huesos de allí juntos, el radio vuelve a sonar “no pues estamos aquí en el ejido, no no mames wey, no friegues, chinga tu madre pendejo”, el Capitán le hace un seña al mocho y entran a la patrulla, el Capitán sigue a la radio, cuelga
-Órale pinche mocho vamos por unas tortas, que no mames con este pinche calor ya me dio hambre
-Sales valedor que ya me ruge la tripa- el mocho se ríe, estornuda y se acomoda los jeans que se le van cayendo.
El mocho se gana la vida con las propinas que el capi le da por hacerle favores ya en la noche, en la mañana se va con el camionero Diego que vive junto a su casa de materiales y piso firme del que regala el gobierno, por toda la ruta que llega al estadio y a los viveros, y ahí va gritando las paradas del camión, y los pulmones se le atoran cuando los domingos invariablemente el camión no pasa frente al tianguis y exhala ese vapor que lo hace toser y le deja en la boca ese sabor molesto de caucho quemado, y ahí platicando con don Diego se entera de las tragedias cotidianas de la colonia y de los compañeros al volante de don Diego, el viejo chimuelo que maneja un camión con mil anécdotas, al final del día, de su día, a las siete de la tarde se baja frente a la estación de polis y don Diego le da su propina, el Mocho se baja con las monedas en el bolsillo izquierdo que es el que no está roto, a veces cuando el Capi Galeana no esta se queda con don Diego hasta en la noche y don Diego le invita unas tortas o algunas noches se queda en el camión con la botella de cerveza que le regalan los de la otra ruta mientras ellos se divierten en esa casa desahuciada con las ventanas rotas rodeada de mujeres con apariencia fácil, el Mocho sabe bien que pasa alla dentro pero no dice nada, solo mira a don Diego subir cansado para llevarse su mochila y le da una sonrisa antes de regresar a dormir sin decir una palabra.
Esa mañana en particular Don Diego no estaba en casa, no estuvo ni ayer, y por eso el mocho estuvo todo el día con el Capi Galeana.
El mocho así le dicen en su colonia porque tiene una oreja deforme, pero de que escucha se las sabe de todas.
La patrulla se detuvo dos cuadras atrás del tianguis, caminaron hasta un puesto en la esquina frente al lugar donde se atoran los camiones como ballenas varadas, el Mocho busco con la vista el camión con el vidrio agrietado de cuando se le secuestraron a don Diego, el camión no paso.
El Mocho y el Capi comieron sus tortas despacio acompañándolas con un poco de Coca Cola al tiempo. El Capi le guiño el ojo a la cocinera, pago con uno de a veinte y una de a diez, no espero el cambio.

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