domingo, 9 de mayo de 2010

II

y si, lloraré toda la noche y el resto de la tarde bajo los arboles enormes del patio. y si, restregare mi cara en la fuente hasta que sangre y mis manos (y la cantera) se tiñan de rojo, porque esto quizás lo merezca, porque la noche será un poco mas corta; sacudiendo el polvo del vestido los granos finos, invisibles, se posan sobre el agua quieta, hasta ahora no he derramado una sola lagrima; se que derramaré lagrimas y que mi cara se curtirá por su sal, se formaran cicatrices sobre mis labios y la sangre se secara formando costras gigantes delineadas con la precisión de un ilustrador turco; Y sí, llorare todas mis lagrimas hasta que mis ojos se vean secos, ligeros, sin vida, hasta que mi cuerpo exprima hasta su ultima gota de agua, hasta que mis labios dispersen hasta el ultimo rastro de piel; mi vestido esta rasgado, se ve la carne de mis senos clara y blanda, azulada, casi transparente y así como mis piernas están rasguñadas, también lo esta cada parte de mi cerebro, y con esto, sí, me refiero a mi memoria y a mi deducción, tan ligadas la una con la otra, pero ahora no puedo ni siquiera adivinar los problemas de las verduleras con solo ver su cara y como agarran las verduras, no puedo deducir si lloverá mas fuerte con solo ver las formas de las nubes, y ya no puedo deducir las penas reales, que arrastran consigo los penitentes en las procesiones de semana santa; sangre también de una herida en el muslo, una espina s eme clavo y la acabo de extraer, un ligero hilo de sangre ahora corre por mi pierna decorando mi piel casi tan brillante, suave, tersa y pulida como el mármol, mis manos juegan con el agua, chapotean y mis oídos se deleitan con el sonido tan dulce y sincero del agua, el sonido de mis dedos chapoteando, y así, como las notas agudas de un piano, como una coronación a la melodía acuática, caen mis lagrimas rompiendo su forma oval en gotas minúsculas que también se romperán en un ciclo insospechado de repetición, así como música caen mis lagrimas sobre el agua clara, juego con ellas también, con el agua de la fuente mezclada con la sal de mis pasiones perdidas, las hojas que flotan sobre el agua, acentúan el prístino carácter de aquel tranquilo remanso oculto entre mi jardín, puedo ver en el agua como se forman las figuras de mi infancia, las figuras de mi adolescencia, de mi vida adulta, de mi vejez y de mi muerte, peor yo se que aún no envejezco y se que aún sigo viva, pero miro con atención y estoy yo, vieja y decrépita, con un babero manchado de papilla, estoy yo y parece que duermo, pero mi cuerpo no se mueve, entra un enfermera joven y alta como nunca lo fui yo, ni lo seré, me toma con tranquilidad estoica el pulso y una sonrisa se le dibuja en los labios de puta cuando se da cuenta (al menos en lo que la fuente me dice) que estoy muerta, morí con una risita atascada en la garganta, después miro mi entierro, la gente llora y una banda toca el dios nunca muere de Macedonio Alcalá, me entierran en mi jardín (me dan miedo los cementerios, no quiero que mis hijos tengan que irme a ver entre tumbas) y sobre mi tumba están construyendo algo, entre los dos nogales del patio dibujan un circulo de piedra, un perímetro que se va levantando, un muro circular de cantera, y me da un escalofrío, recorre mi espina y me veo mas pálida, construyen una fuente en mi memoria, construyen esta fuente y graban con enormes letras, ahora ya desgastadas mi nombre completo, solo entonces me percato de su presencia en la fuente real y tangible, estoy segura de que lo pusieron esta tarde, o de que... un parte de mí no puede recordar y eso me dice que estoy muerta, solo recuerdo un horizonte y de ahí el tiempo parece consumirse y llegan como flashazos distantes las imágenes de mi vida: tengo treinta y tres años y camino con mis hijos pequeños por las calles de una ciudad mediterránea, hace un clima horrible, pensé que aquí hacía mas calor, les pregunto en que colonia estamos, ellos no saben, me dicen que como van a saber, les digo que no conocen su ciudad y ellos me miran extrañados, les digo que subamos al metro, pero me dicen que en Cádiz no hay metro, y si, estamos en Cádiz y no en la ciudad de  México, luego me veo en Turquía y de nuevo me pierdo, no se donde estoy hasta que mi marido me toma del brazo y nos vamos al hotel, y luego estoy en mi cama y entra mi hijo (ahora se que era mi hijo) y comienzo a gritar porque no lo reconozco y les pido que se lleven y yo me veo enferma e histérica y después no se que más porque eso no lo recuerdo, eso no lo recordaba mas que en la fuente ahora que la miro y me veo, y veo mi reflejo y estoy vieja y... y si quizas este muerta porque ya no tengo mejillas, en su lugar un material blanco, calcáreo, toda mi cabeza ahora es un craneo, un cráneo roido por los gusanos y nada mas... y si por eso no vale la pena lorar, no se que valga la pena.

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